Evolución y tropezones del mercado publicitario

Tendencias publicitarias

¿Por qué nos hemos comportado como imbéciles en el negocio publicitario en las última década?

La mayoría de las veces solemos pensar que es porque nuestro cliente es un necios. Sí,  lo es: Un necioe como la copa de un pino de hoja peremne (nótese la paradoja). Y su obligación es la de serlo  en nuestro campo, que para eso nos contrata. Su labor y meritoria es la de ser listo y sacarnos partido en un ámbito en el que debiéramos ser especialistas. Pero nosotros hemos sido tan extremadamente gilipollas que le hemos permitido, casi obligado,  ser un listillo. La culpa es nuestra y sólo nuestra.

Empiezo por la raíz intestinal de nuestro apretón: No cobrar por lo que realmente somos: gentes con grandes ideas para comunicarnos más y mejor. Por el contrario, después de años de concienzuda y errática labor, los planificadores  han regalado su capacidad de innovar en la manera de llegar al público en los medios para cobrar sólo por su capacidad de comprar y negociar con soportes. Igualmente, las agencias creativas han decidido cobrar sólo por la producción. De forma que cuando el cliente es capaz de negociar directamente con el soporte o encuentra productores más baratos se limpia el culo con el fee y los servicios de atención al cliente de sus queridas agencias, convertidas en meras “secretarias” de rápido ppt y excell tan escualo como escuálido.

Segunda cagada: Nuestra capacidad de medir nuestros éxitos en miles de variables basadas en vetustas y estadístico-sociológica-decimonónica-matemática-espialidosas variables en planificación (Max Weber aún tiene que estar partiéndose el culo con las consecuencias de sus devaneos pseudociéntíficos). Y “voilá” ahí que te arreo el grp. Nos convertimos en vendedores de “gerrepés”, y, claro, el cliente al final, se va al mercadillo del “gerrepé” y se lo compra al más barato, eso si no ha aprendido a comprarlo por si mismo (problema 1): -”Gerrepé, fresquito y directo de la huerta, señooooooooooora, más barato y fresco no lo encuentra “usté”- Otra medida aún más pueril, que cometida por personas de al menso 40 años, debería ser considerada minusvalía cognoscitiva: El premio como ratio de éxito de la idea creativa. Ahora resulta que la capacidad de comunicar, de llegar, de crear amor y retención es ganar un premio en el que nunca vota el público ni hay taquilla que lo mida. A ver, señores, que algo gane un TP de Oro, pues hombre, no quiere decir que haya talento detrás (es decir, vota la misma gente que pudo votar a Zapatero, a Rajoy o a un partido nacionalista) . Pero al menos sí asegura una retención de marca. Que alguien gane un Goya sólo quiere decir que el director e la ha comido a alguien de la SGAE o al retrasado mental que dirija la Academia del Cine ese año (es decir, el que se la ha comido a alguien), pero al menos te asegura un negocio directo: Se re-estrena, acuden los borregos en masa y a facturar toca ¿Alguien conoce un caso en el que un producto se haya vendido más por que el spot gane un premio en Cannes? Una polla, para que luego en youtube, anuncios que no fueron planificados en tu país sean los más vistos en tu país….

Y ahora, que sí, ahora sí ¡Podemos hablar y conversar! ¡Podemos recibir el premio directo del público!… Ahora, acostumbrados a no cobrar por el talento real de la comunicación, siguen empeñados en mantener sus spialidosas variables, el cliente canibaliza nuestro terreno mientras lo defendemos, pequeños, enfadados, incluso con la soberbia de un perdedor enaltecido y ebrio en un bunker, intentando creer que nada de esto está pasando.

Ahora que somos realmente libres de conseguir lo que queríamos, en el difuso momento antes de perdernos en el nihilista camino de los medios hasta olvidar el fin, ahora que podemos reencontrarnos, ahora que todos nuestros sueños de comunicación pudieran volver a parecer alcanzables y que los de 18 son público fácil para nuestros sueños juveniles, ahora, de nuevo, cada vez que negamos lo que debiéramos capitenear, volvemos a ser realmente gilipollas y un día nuestro clientes listillos, encima, nos lo echarán en cara.

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